De cómo las publicaciones pueden volver a ser públicas
Baranda
jgb@barrapunto.com
Diciembre de 2003
©2003 Baranda.
Se otorga permiso para copiar y
distribuir este documento completo en cualquier medio si se hace de forma
literal y se mantiene esta nota.
Este artículo fue publicado en el número 38 de la revista Todo Linux
y en las actas de las X Jornadas Nacionales de Información y
Documentación en Ciencias de la Salud, Málaga, noviembre de 2003.
Este artículo está disponible en http://sinetgy.org/jgb
Aunque la palabra ``publicación'' tiene el significado literal de
``hacer público'', con el tiempo lo ha perdido en gran parte, y la
llegada de la era digital está amenazando con eliminarlo por
completo. Aunque la situación es similar en todo
tipo de publicaciones, es especialmente preocupante en el caso de las
que se ocupan de temas científicos y técnicos. La publicidad del
conocimiento (en el sentido original del término) está en el corazón
del progreso científico y técnico que ha
marcado los últimos siglos de la historia de nuestra sociedad. Si esta
publicidad sufre trabas, o trata de controlarse, está en juego el
propio modelo de producción de conocimiento científico-técnico.
Paradójicamente, esto puede ocurrir precisamente en el momento en que
disponemos (por
primera vez desde que existe la humanidad) de una tecnología que nos
permite distribuir cualquier información a cualquier número de individuos,
en cualquier parte del planeta, con costes mínimos. En el momento en
que Internet nos permite difundir datos como nunca antes
habíamos soñado no es la tecnología, sino el entorno legal y social, el
que pone trabas para esta difusión. De cómo esto está ocurriendo sin
que en muchos casos nos demos cuenta, y de cómo están surgiendo
esfuerzos para evitar esta situación es sobre lo que tratan estas
líneas.
La razón de ser de las publicaciones científicas
No siempre ha habido publicaciones científicas en el sentido que las
hemos entendido durante los dos o tres últimos siglos. De hecho, es
difícil comprender su existencia sin relacionarla con el modelo de ciencia que
se ha desarrollado durante ese mismo periodo, hasta el punto de ser
una parte integrante (y fundamental) de él. Porque el desarrollo de la
ciencia y la tecnología ha
estado basado en la libre y activa difusión del conocimiento. Y digo
activa porque no es suficiente permitir que el conocimiento se difunda,
es necesario fomentar esa difusión, y en esta tarea la labor de las
publicaciones ha sido enorme.
Pero las publicaciones científicas no han sido simples instrumentos de
difusión indiscriminada. Para ser útiles al desarrollo
científico-técnico también han tenido que encontrar mecanismos para
contrastar la información que publican, y para asegurarse, en la
medida de lo posible, de su fiabilidad y veracidad. Los
mecanismos de revisión por colegas (en los que la información
publicada es previamente verificada y escrutada por un comité con
amplio conocimiento en el campo en cuestión) se han revelado, a pesar de
ocasionales fallos, como una buena forma de contraste.
Además, las publicaciones también han ejercido una labor de
criba, no siempre positiva, pero en general muy deseable. En un mundo
científico-técnico cada vez más activo tratan de publicar lo más
relevante en el campo al que se dedican, eligiendo en cada momento lo
que consideran más importante. Eso facilita (si la selección
está bien hecha) la labor de los investigadores, que pueden centrarse
en lo publicado cuando tratan de seguir la evolución del estado del
arte en una disciplina dada.
En la medida en que las publicaciones sigan manteniendo estas
características (promoción de la difusión del conocimiento, contraste
de la información, criba de lo más interesante), seguirán siendo
útiles para el desarrollo de la investigación y para la sociedad que
las sustenta. Pero si las perdieran, desaparecería también su razón de
ser. Desgraciadamente, en gran medida, este parece ser el caso.
Características del modelo ``tradicional''
Con la tecnología disponible durante los siglos XIX y XX, las
publicaciones científicas (fundamentalmente revistas periódicas)
respondieron masivamente a un modelo que podemos llamar
``tradicional'', y que era un resultado directo de las
limitaciones que imponía la tecnología disponible: la imprenta como
herramienta de reproducción, y el transporte de mercancías como forma
de distribución. Este modelo se financia
típicamente mediante suscripciones (personales e institucionales) que
dan derecho a recibir la publicación, y que tienen sentido
por estar el acceso a lo publicado restringido tanto por la tecnología
(hasta muy recientemente no era fácil ni económico realizar copias y
distribuirlas a cualquier
parte del mundo) y por el marco legal (la legislación de derechos de
autor restringe también en gran medida las posibilidades de copia y
redistribución).
El proceso previo a la publicación estaba marcado por
la fase de revisión, realizada durante periodos de tiempo
relativamente largos (condicionados en gran medida por los medios de
comunicación disponibles). Una vez que se tenía el material listo
para publicar, era precisa una gran infraestructura editorial y de
distribución, que suponía una gran parte de los costes del producto
final.
Por otro lado, en paralelo a la consolidación de este modelo, se ha
dado también otro proceso relacionado: la valoración de la labor
investigadora mediante el número de artículos publicados en ciertas
revistas. Esto ha reforzado la posición de esas revistas (ya que los
investigadores obtienen beneficios claros, en términos de mejor
consideración, si consiguen publicar en ellas) y las ha convertido en
el medio necesario para conseguir el fin de ser reconocido como
investigador. Lo cual no es necesariamente malo, aunque pueda provocar
ciertas distorsiones.
Hay cosas que han cambiado...
Hasta aquí lo que era posible con la mejor tecnología disponible hace
unos años. Pero a final del siglo XX llegaron Internet y la edición
digital, cambiando completamente la situación. Los costes de reproducción
se han reducido hasta prácticamente cero (el coste de copiar
información con un ordenador). Los costes de distribución a gran
escala, a nivel global, también (por ejemplo, usando distribución vía
web). Los grupos de revisores, que antes tenían que realizar varias
rondas de conversación usando medios de comunicación relativamente
lentos, pueden ahora hacer su tarea con mucha más agilidad y precisión
gracias a las herramientas de trabajo en grupo sobre Internet. E
incluso es viable que los lectores participen activamente en el
proceso de revisión, o hagan comentarios, e incluso propongan
comentarios, con posterioridad a la publicación.
El entorno ha cambiado tanto que cuando un investigador quiere dar a
conocer sus resultados hoy día tiene que decidir entre usar los
medios que la tecnología ha puesto a su alcance (por ejemplo, difundir
su artículo directamente a ciertas listas de correo electrónico que
usan los especialistas en un área para comunicarse), o seguir el
modelo clásico y enviar su artículo a una revista, que tardará mucho
más en publicarlo (si lo hace. Y es posible que con la segunda opción,
el artículo tenga mucha
menos difusión real. Naturalmente, en esta decisión no sólo pesa la
calidad y el proceso de revisión que puede ofrecer una revista:
también, como ya hemos dicho, habrá que tener en cuenta que publicar
informalmente en la red está muy poco (o nada) valorado formalmente,
sea o no una acción más efectiva.
...otras que no deberían cambiar...
A pesar de las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología, hay
cosas que no han cambiado y que
probablemente no deberían cambiar. Por ejemplo, sigue siendo deseable
poder identificar la información fiable y
contrastada. También es interesante el poder acceder a información
cribada (aunque sería bueno poder disponer de diferentes cribas, según
diferentes criterios de selección). Y obviamente, es importante que lo publicado
siga siendo de acceso fácil y generalizado para la comunidad
investigadora.
Cualquier evolución de la publicación científico-técnica en el mundo
digital debería seguir garantizando estas características, que podrían
resumirse como ``garantizar la difusión de conocimiento contrastado y
relevante''.
...y otras que desgraciadamente siguen igual
Desgraciadamente, y a pesar de las nuevas posibilidades, hay muchas
cosas que siguen igual que cuando había motivos tecnológicos para que
fueran así. Por ejemplo, las nuevas publicaciones electrónicas utilizan,
en su mayor parte, un modelo netamente ``tradicional'' en cuanto a las
posibilidades de acceso. Aunque es factible técnicamente que cualquiera
tenga acceso a lo publicado, el modelo económico sigue estando basado
en la suscripción, y para sea viable ha sido necesario
restringir más y más el acceso a la información y las posibilidades
de copia sobre ella. Esto se ha hecho con herramientas legales (como
las nuevas legislaciones de propiedad intelectual) y técnicas (como
los sistemas que tratan de evitar la copia o que simplemente
restringen el acceso a una publicación).
Tampoco el modelo de revisión ha cambiado sustancialmente. En general,
sigue siendo muy parecido a cuando no era posible la flexibilidad y la
rapidez de comunicación que tenemos hoy día, y la
experimentación con nuevos modelos de revisión más basados en la
realimentación de los lectores ha sido muy limitada.
En otro orden de cosas, y desde un punto de vista práctico, sigue
siendo muy difícil acceder a la información publicada, incluso si se
está dispuesto a pagar por ello. Localizar la información deseada y
poder acceder a ella es muchas veces un largo camino burocrático y de
negociaciones de licencias (sobre todo cuando se quiere hacer para
instituciones, o para bibliotecas). Y un paso más allá, el autor de un
trabajo cada vez está más desposeído de sus producciones de
conocimiento. Si se quiere publicar en revistas de prestigio,
habrá (en general) que firmar una cesión de derechos que en muchos
casos hasta convierte en dudoso el que el investigador pueda hablar de
su trabajo en público. Y sin embargo, para que ser considerado,
es preciso que publique bajo esas condiciones, porque sigue
utilizándose la valoración según las publicaciones en esas revistas.
Otros modelos son posibles
Afortunadamente, también hay buenas noticias. En algunos lugares de
Internet pueden observarse interesantes experimentos que podrían
ayudar a cambiar el panorama en los próximos años. Por desgracia
estos experimentos son aún poco conocidos, y en gran medida
minoritarios, pero en algunos casos ya han conseguido mostrar
resultados interesantes, y su aceptación va en aumento. Consideremos a
continuación algunos de ellos.
La Wikipedia, http://wikipedia.org, es un intento de construir
una enciclopedia universal de forma colaborativa, siguiendo un modelo
similar al del desarrollo de un programa
libre. Cualquiera puede escribir un artículo, cualquiera puede
editarlo (cambiarlo, mejorarlo, etc.), cualquiera puede acceder a la
información publicada, y cualquiera puede redistribuir esa
información. Además, puede hacerse un seguimiento de los cambios de
cualquier artículo, y el modelo de ``cúpula editorial'' es bien
novedoso: no hay. En lugar de editor jefe hay una ``comunidad de
editores'' que toma las decisiones, y se ha dotado ya de un completo
conjunto de mecanismos para, por ejemplo, resolver disputas sobre
artículos polémicos. Este modelo ha sido ya capaz de general más de
170.000 artículos. El lector podrá juzgar su calidad ojeándolos, y
es más que posible que se sorprenda gratamente al hacerlo.
La Public Library of Science (PLOS), http://plos.org, es una
organización dedicada a la edición en Internet de publicaciones
científicas periódicas, sujetas a procesos de revisión ``clásicos'',
donde el acceso a lo publicado es completamente libre e inmediato. Una
de las características interesantes de este proyecto es que está
experimentando con nuevos modelos de financiación. Son los autores los
que pagan, como parte de los costes de difusión que normalmente
presupuestan en sus proyectos de investigación, por la publicación de
su artículo, una vez que ha pasado un riguroso proceso de revisión,
similar al de las revistas tradicionales. La primera revista publicada
por PLOS (PLOS Biology) vio la luz en octubre, y ya sirve como una
muestra de su calidad. Y PLOS no es más que una entre cientos de
iniciativas de ``revistas de acceso abierto'', que pueden visitarse en
el DOAJ, http://www.doaj.org/
arXiv, http://arxiv.org es otro ejemplo de exploración de nuevos
caminos. Desde 1991
acepta artículos científicos en varios campos. Estos artículos,
enviados directamente por los autores, se archivan y se dejan
accesibles sin restricciones, sin proceso de revisión ni criba
previa. En la actualidad, está recibiendo entre 3000 y 4000 artículos
nuevos cada mes, y es ya el archivo de acceso libre con más
información científica que existe.
El futuro, en nuestras manos
Estas no son más que algunas experiencias que muestran nuevos
caminos. Aún es pronto para saber si producirán más o menos beneficios
para la comunidad científica y para la sociedad en general que los
modelos tradicionales de publicación. O si simplemente son modelos
diferentes, que permiten esquemas que no eran posibles hace unos
años.
En cualquier caso, es conveniente, a la luz de estas experiencias,
reconsiderar el mundo de la publicación científica y sus fundamentos
en esta nueva era tecnológica. ¿Para qué queremos las publicaciones científicas?
¿Qué nuevas posibilidades tenemos? ¿Dónde está el balance entre
revisión / rapidez / acceso? ¿Es la publicación ``tradicional'' la
mejor forma de difundir conocimiento? El tiempo irá mostrando cuál es
la respuesta a estas preguntas... si permitimos que la experimentación
en este campo continúe. Porque si no buscamos nuevos caminos, puede
que no seamos capaces de materializar las posibilidades que nos ofrece el nuevo
entorno, y que acabemos usando tecnologías del siglo XXI con
modelos pensados para las limitaciones que había el siglo XVIII...
This document was translated from LATEX by
HEVEA.